Libertad individual y moral

. viernes 26 de febrero de 2010
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Con el mismo sentido del fomento de la libertad individual con la que el gobierno socialista de la anterior legislatura aprobó la ley del matrimonio homosexual, se acaba de aprobar la nueva Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo (más conocida como ley del aborto).


La nueva ley de libertad sexual garantiza a la mujer una libertad total sobre su propio cuerpo y proyecto de vida. Nadie niega la complejidad moral que puede tener un hecho como el aborto, de lo que no cabe duda, es que no podemos imponer los preceptos morales de unos individuos sobre los otros. La Conferencia Episcopal ha mostrado claramente cuales son sus preceptos morales, y me parece totalmente respetable que estos sean acatados por sus fieles, aunque nunca deben ser una imposición al conjunto de la ciudadanía.


Quizás no haya que ir tan lejos como algunos de los posicionamientos de autores como Oscar Wilde o Friederich Nietzsche y definir toda moral como inmoral, pero si deberíamos aceptar, tal y como estos mismos autores definieron, que al igual que no existen las verdades absolutas, no existe una moralidad absoluta que deba ser condicionante de las normas que nos deben regir como sociedad.


Una mayor libertad del individuo supone que este es libre de elegir los preceptos morales que le deben guiar, siempre y cuando estos sean respetuosos con la libertad de los individuos que configuran la comunidad de la cual forma parte. La ley de libertad sexual y la ley de matrimonio homosexual son un claro ejemplo de esta manera de entender la libertad.


En este sentido, hay una clara asignatura pendiente por parte de este gobierno que por el momento ha quedado en un segundo plano, me estoy refiriendo aquí a la regulación de la eutanasia. Al igual que se está facilitando un mayor abanico de posibilidades para poder ejercer la libertad en un proyecto vital, debemos garantizar que esta libertad y autonomía sea respetada hasta el momento de la muerte (inclusive la muerte como hecho en sí), pudiéndose decidir con total autonomía, cual es el momento y la manera en que la vida debe llegar a su fin.



1 comentarios:

Lenina Libre dijo...

Es lo malo de la sociedad actual, y de cualquier sociedad utópica de hecho, no tenemos libertad individual para decidir sobre nuestra vida, como queremos vivirla, casi ni para tener nuestras propias ideas, porque continuamente tratan de manipularnos. En el caso del aborto yo lo veo claro, es la propia mujer la única que puede decidir si quiere o no tener un hijo, es su vida, no somos esclavos, no pueden ser nuestros dueños y saber mejor que nosotros lo que queremos.
Idem para la eutanasia. Por suerte el autoritarismo va disminuyendo, lo malo, que va tan lento que no veremos grandes cambios durante nuestra vida, por eso hay que disfrutar el presente